Tus alas son del tamaño de tu corazón.

A menudo nos encontramos al borde del abismo. Conflictos afectivos, problemas profesionales, disputas familiares, se asemejan a una figura en el acantilado que nos amenaza con caer y nos roba la paz. El deseo sincero de cambiar el rumbo de nuestras vidas, comenzar un nuevo trabajo que se adecue más a nuestros verdaderos dones y talentos, una relación amorosa despojada de mentiras y preconceptos, un hilo nuevo para coser el deshilachado tejido familiar cuyo desgaste, que de tan viejo, se perdió en los rincones de la memoria, son cuestiones actuales que devastan a todos con gritos silenciosos desde lo más íntimo de las conciencias y los corazones.

¿Cuál es la manera más sabia de pasar por un desierto abrasador, con sus peligros inherentes, ausencias de agua y vida, serpientes y escorpiones que lo habitan? ¿Cuál es la forma más inteligente de alcanzar la cima de una montaña, enfrentando las asperezas de la roca vertical y del fuerte viento que sopla en tus oídos bajo el inminente peligro de caída?

A través de los tiempos, caravanas y alpinistas nos han ofrecido valiosas lecciones de determinación y desapego necesarias para enfrentar semejantes desafíos.

«El águila también», susurró en mi oído, como dulce brisa de verano, un viejo y querido chamán del pueblo Navajo. «El águila tiene el poder de atravesar las arenas calientes y sobrevolar los altos desfiladeros sin ningún sufrimiento».

Canción Estrellada, como se hizo conocido después de despertar su don de, mediante palabras cantadas o no, mantener una lámpara encendida en la noche oscura de sus hermanos, estaba refiriéndose a la capacidad de ver al mundo desde lo alto como si fuesen los ojos de un águila. «Modificar el ángulo de visión permite observar todo y a todos bajo otra perspectiva, o miles de ellas, en la infinidad que la vida lo permite. Un muro puede ser un obstáculo insuperable en tu camino, pero si es visto desde lo alto, con los ojos del pájaro, no pasará de un rayón de tiza en el suelo. En realidad casi todos los muros tienen la altura de un simple trazo en la arena del camino», confesó el sabio sacerdote en una noche fría mientras la conversación fluía al calor de las llamas de la hoguera de otoño. «Cuántos viajes fueron interrumpidos sólo porque no supiste pedirle al águila sus ojos prestados», lamentó. Sin demora le pregunté como me sería posíble tal visión. De la manera peculiar con que los pueblos nativos comparten su sabiduría ancestral, Canción Estrellada me miró profundamente a los ojos y después de un breve silencio, como si esperase que el viento le soplara la mejor palabra, me dijo que le mostrara al águila mis alas, pues vuelos altos exigen grandes alas; así ella entendería a qué altura yo podría aventurarme. Quise indagar por el tamaño de mis alas, todavía sin entender por completo la lección. «Tus alas son del tamaño de tu corazón», respondió con su hablar pausado, casi susurrando, con la mirada perdida en el brillo de una estrella distante.

Le ofrecí un puñado de tabaco y Canción Estrellada me honró al compartir la misma pipa. El humo llevó nuestra gratitud a los espíritus ancestrales por permitirnos llegar hasta aquel punto. Fumamos en silencio por horas que no se contar y con el día casi despuntando, se terminó la valiosa lección.

«El infinito sendero de la vida se resume en la escalada para entender y la travesía de vivir las variadas facetas del amor. Desde su forma más primitiva y sombría, manifestada a través de los celos y de la pretensión de ser dueño de alguien, hasta la grandeza del amor incondicional de amar al otro como a sí mismo. Lección presente en todas las tradiciones de oriente a occidente. Iniciamos la jornada con alas tan pequeñas que ni siquiera corremos el riesgo de volar bajo, ni salir del suelo, para tener una visión más allá de la neblina densa de la mañana. Esto hace del mundo un lugar pequeño y conflictivo, pues hasta las piedras más pequeñas son obstáculos enormes. La necesidad visceral de volar – la evolución es inherente a todos – te obliga a crear condiciones para que tus alas, gradualmente, adquieran tamaño y tus vuelos altura. La sabiduría para comprender que todo lo que eres y tienes se resume a cuánto amor puedes dar, define hasta que punto puedes seguir al águila y usar sus ojos».

«Fuiste tu quien me ofreció el tabaco que fumamos hace poco y fue la vida que te proporcionó las condiciones y te convirtió en instrumento de este encuentro. Tu me diste tu tiempo y tu atención. La humildad, el desapego y la alegría son formas de agradecer y respetar, pues lo que la vida da, la vida toma. Sólo lo que queda para la eternidad y delinea tu espíritu es el amor que sentiste y compartiste. Esto es verdadeamente tuyo y ésta es la exacta altura de tu vuelo».

«Que tus alas tengan jornadas cada vez más osadas a través de la paz que habita las grandes altitudes del ser».

 

Gentilmente traducido por Maria Del Pilar Linares.

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