Nadie sufre por amor

Era aquella hora indefinida en que no sabemos si es día o noche. Algunas tiendas ya comenzaban a prepararse para cerrar. Apresuré el paso por las estrechas y sinuosas calles de la ciudad secular cercana a la montaña que acoge al monasterio de la Orden. Deseaba que la oficina de Lorenzo estuviera todavía abierta para invitarlo a tomar una copa de vino y conversar. El elegante zapatero era amante de los libros y de los vinos. Filosofía y los tintos eran sus preferidos. Su antigua bicicleta recostada en el poste era señal de que yo estaba con suerte. Cuando entré en la tienda me tropecé con una bella joven que salía. Noté en su semblante cierta tristeza y sus ojos hinchados de llorar. Fui recibido con la alegría de siempre. Lorenzo era un príncipe, su reino era la nobleza en el trato personal con toda la gente, la elegancia de los gestos y del pensamiento. Él solía decir que “Es necesario iluminar los pasos y no empujar hacia el abismo. La hora y la manera de usar las palabras es un arte”. Sin necesidad de que le preguntara, me dijo que la muchacha era su sobrina y había ido a conversar sobre la reciente separación. La joven estaba inconsolable.

Seguimos a la taberna y, después del primer sorbo, le comenté que me llamaba la atención el hecho de que las personas se abrieran tanto con él. “Tal vez porque nada pregunto. Considero que esto las deja a gusto para hablar”. Conversamos un poco sobre el motivo del sufrimiento en las relaciones afectivas. Aproveché para hablar sobre algo que me intrigaba: Si el amor es algo tan bueno, ¿por qué este precioso sentimiento causa tanta tristeza?

El zapatero rápidamente se mostró dispuesto a enfrentar la cuestión: “Antes que nada es necesario entender el amor. Sin duda alguna el amor es la fuerza más poderosa del universo, la energía que mueve y transforma al viajero para las próximas estaciones del Camino. El amor es la materia prima de los milagros desde el inicio de los tiempos, la argamasa que une a las personas, envuelve los más puros encuentros, alimenta a la humanidad en sus cenas espirituales. Es el sentido de la vida. Entonces, que quede bien claro: nadie sufre o mata por amor”.

Le dije en broma al buen zapatero que tuviera cuidado pues sería apedreado por los amantes y marginalizado por los poetas. “Sé que se sufre mucho a causa de las separaciones afectivas, pero no es por amor. El verdadero amor es aliado inseparable de la libertad; hasta me atrevo a decir que el amor son las alas de la libertad. El amor respeta la elección del otro al partir o al no querer manter más la relación. ‘Ah, me gustaba tanto ella’… Continúe gustando, admirando, pero entienda que nadie es dueño de nadie. Un alma no puede ser propietaria de otra. No existe cualquier tipo de dominación en el amor verdadero. No se puede celebrar un matrimonio como si se otorgara una escritura de compra. Todo dará errado. De esta manera el sufrimiento nace del apego ilegítimo de desear tener lo que no puede ser poseído. No es justificable el cercenamiento de la libertad de alguien en función de los miedos y deseos de otra persona. El descuido y la ignorancia al permitir la manifestación en el corazón de emociones de baja vibración como los celos, la envidia, el orgullo y la vanidad son las reales y únicas razones del sufrimiento. No obstante, esas sombras siempre furtivas y disfrazadas se eximen de la responsabilidad y son atribuídas injustamente al amor. Hace milenios se condena al amor por crímenes que nunca ha cometido y continuamos creyéndonos la mentira, desperdiciando la belleza y la grandeza del amor”.

Argumenté que los periódicos, todos los días, narran crímenes pasionales cometidos por amantes inconsolables. Lorenzo meneó la cabeza como queriendo decir que todo estaba errado y dijo: “Celos no son amor. Se mata por celos, nunca por amor. Son sentimientos antagónicos. Ya oí muchas veces la siguiente frase: ‘Quien ama, cela’. ¡Mentira! Y una mentira repetida mil veces gana fuerza de verdad, lo que es lamentable pues induce a las personas al error”. Repliqué que los celos eran inherentes a la naturaleza humana. “Sí, esto es verdad. Celos, envidia, orgullo, vanidad, miedo están entre las emociones que componen las sombras que se esconden en lo más íntimo de todos nosotros. Transmutarlas es la gran batalla. Hay quien siente celos y mata; hay quien siente celos y toma su guitarra para componer una canción. Mientras unos permiten que las sombras se vuelvan señoras de sí, al dominar y engañar su voluntad, otros las iluminan, modificándolas para siempre desde su antigua condición. ¿Percibes que mientras uno emprendió los caminos de la locura y del crimen, el otro confeccionó una bella obra de arte? Ambos poseían el mismo sentimiento como materia prima, pero eligieron de forma diferente. ¿Por qué? Nivel de consciencia es la respuesta. Solamente la comprensión de las infinitas posibilidades del amor sustenta y expande las fronteras de la sabiduría, llevándonos a las Tierras Altas de la Plenitud”.

“Es necesario entender que es la Ley de la Afinidad la que rige la aproximación entre las personas. Una frecuencia energética de sentimientos y pensamientos vibrando en niveles similares se atrae. Esto puede durar un día o siglos. Entonces, dejar ir o partir tu mismo al sentir que los lazos no se sostienen con la intensidad necesaria, significa que ya están en puntos diferentes del Camino. Respetar las decisiones es entender el viaje. Es sabio, es un acto de amor. Esto nos libera para escribir nuevas historias y para cumplir un nuevo ciclo. Separaciones no son pérdidas; son oportunidades”.

Quise saber en dónde solemos errar, en dónde nos perdemos. De repente el artesano me respondió: “Para comenzar, a menudo nos enfocamos en exigir ser amados en vez de amar sin cualquier exigencia, invirtiendo la lógica natural del amor, que necesita de renunciación para propagarse y brillar en toda su amplitud. Sólo tenemos aquello que donamos con el corazón, con pureza y sinceridad, sin apegos, condiciones o tributos; sin embargo, reparo que las personas hacen una especie de ‘libro contable del afecto’, en donde anotan créditos y débitos con la ilusión de obtener lucro o, en la peor de las hipótesis, saldar la cuenta de ‘cariño y atención’. Esto nunca será amor”.

Lorenzo bebió un sorbo más de vino y se sumergió en las palabras: “Otro motivo, bastante común, es transferir al otro la responsabilidad de hacerlo feliz en las relaciones afectivas. Es como mandar al otro a hacer un trabajo que sólo a él cabe. Tan sólo se encuentra la felicidad dentro de sí en procesos de autoconocimiento, de cura a través de la verdad, de transmutaciones de las viejas formas de pensar y actuar. Esta construcción es personal e intransferible. ¿Depositar en el otro la obligación de ser feliz? Todo errado de nuevo. Puro miedo de enfrentar las batallas de desarrollo y evolución que deben ser libradas consigo mismo, entre el ego y el alma: sombra y luz. El amor exige donación, jamás cobro. En general, por infeliz ironía, se cobra mucho cuando se tiene poco para dar. Tenemos que compartir el amor que florece en nosotros y no desear ardientemente extraerlo del otro como un adicto en busca de droga”.

Le pregunté al zapatero sobre el sufrimiento causado por la pérdida de un ser querido. Él me miró incrédulo y replicó de repente: “¿Pérdida? Qué pérdida, Yoskhaz? Hasta cuándo vamos a insistir en no desmistificar la muerte? La muerte es una certeza, punto. Recordar todos los días que moriremos en cualquier momento es altamente saludable, amplia el sentido de la vida, refina el tiempo, perfecciona las elecciones. Si entendemos que la muerte no es el final de una historia, y sí el cambio de capítulo en el libro de la vida, no habrá sufrimiento. La añoranza de la partida será la fuente de la alegría en el reencuentro. Innumerables partidas y llegadas. Los lazos cosidos por el amor son eternos y unirán a todos más adelante. Nuevamente la Ley de la Afinidad. En caso contrario, nada tendría sentido. Mientras tanto vamos aprendiendo, transmutando, compartiendo para seguir adelante, preparados para nuevas aventuras de una historia sin fin. La nostalgia debe ser motivo de alegría, pues sólo hay añoranza donde existe amor. Celebremos la nostalgia, pues quien no la siente reside en el vacío. Así, la exacta percepción de las Leyes del Universo transforma el sufrimiento en polvo de estrellas”.

Hablé de su sobrina, que más temprano había salido envuelta en lágrimas del taller. Él me respondió con voz suave, repleta de compasión: “Ella todavía está presa a condicionamientos sociales y culturales que nublan la dimensión pura del amor. Usa su sagrado nombre y lo interpreta de forma equivocada. Evolucionamos por anhelo o por el desequilibrio que la vida nos impone. La negativa de ella a permitirse una óptica diferente le trae sufrimiento, el cual en algún momento, al cansarse del dolor o mejor, al entenderlo como innecesario, hará con que revise conceptos, ideas, comportamientos. Entonces conocerá toda la libertad contenida en el amor. Sólo así entenderá y vivirá el verdadero amor”.

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

Discusiones — 2 Respuestas

  • Camilo Restrepo 3 de diciembre de 2016 on 09:34

    Que reflexiones tan profundas…. Admirable la obra del autor, y de quien amablemente traduce el contenido

  • Leonardo Najar Gomez 16 de octubre de 2016 on 16:08

    No me canso de leer todas sus «Historias de Crecimiento» Nunca dejen de publicarlas.