Villanos maravillosos

En la pequeña y secular ciudad, situada en la falda de la montaña que abriga al monasterio, hay un antiguo y encantador cinema en frente a la plaza de la iglesia que yo frecuentaba siempre que los quehaceres de la Orden lo permitían. Esa noche, al final de la sesión, me encontré con Lorenzo mi amigo artesano, amante de los libros y de los vinos. Filosofía y vino eran sus preferidos. Arreglar zapatos era su oficio; remendar almas, su arte. Pronto me invitó a tomar una copa en una silenciosa taberna próxima. La conversación versó sobre la película que acabábamos de ver. Yo le dije que lo que más me llamaba la atención era el hecho de que el villano se hubiera “robado” la escena, dado el excelente trabajo del actor en la interpretación del personaje. El elegante artesano bebió un sorbo antes de hablar: “Entre mejor el villano, más interesante es el héroe. El villano es esencial en la vida del héroe pues lo ayuda a perfeccionarse, tanto en el arte como en la vida”.

No estuve de acuerdo de manera vehemente. Yo conocía personas insoportables y mi deseo era simplemente hacerlas desaparecer como por arte de magia. Lorenzo se rió y dijo: “Si todos nosotros tuviéramos ese poder perderíamos las mejores oportunidades de aprendizaje y, como consecuencia, de evolución. Los villanos tienen un papel importante en nuestras vidas, así como en las pantallas. Son los conflictos que mueven las historias tanto en la realidad como en la ficción y, por lo tanto, es indispensable que el antagonista provoque al protagonista para que descubra lo mejor de sí”.

Con el maniqueísmo que me era común en aquella época, dije que los buenos eran buenos y los bandidos eran malos, así de simple. El zapatero discrepó: “¿Ya reparaste que en varios momentos de la vida interpretamos el papel de villanos? Eso sucederá cada vez que contrariemos el deseo de alguien. Por lo tanto, no es necesario que seamos malos; basta un simple ‘no’. Al negar el deseo ajeno, el perjudicado muchas veces nos elige como el villano de ocasión”. Quedé en silencio pues nunca había pensado bajo este prisma. Él dijo que intentaría explicarse mejor: “Partiendo del principio de que cada uno es el protagonista de su propia historia, el villano será siempre aquel que se opone a sus objetivos, nobles o no”. Hizo una pequeña pausa para tomar un sorbo y continuó: “Lo importante es que el villano surge para que el héroe ejercite lo mejor de sí; para que se supere y venza la dificultad que le fue impuesta o para que entienda que no puede exigir un derecho inexistente. Así, los villanos nos fortalecen, perfeccionan y apalancan nuestra evolución. El oponente es de vital importancia en las pantallas y en la vida de todos”.

Volví a replicar. Yo tan sólo quería vivir en paz con el mundo, sin la necesidad de conflictos. “Sí, ese es el sueño común para el cual todavía no estamos listos. En nuestro actual nivel de consciencia los villanos tienen la función de arrancarnos de la inercia y obligarnos a caminar y a entender la necesidad de las transformaciones personales indispensables para proseguir la jornada. En las películas los héroes van perfeccionando el manejo de la espada; en la vida real dejamos florecer la clara sabiduría y el amor puro. El villano acaba interpretando el papel de un maestro oculto, al imponer el inevitable avance”, explicó.

Lorenzo prosiguió con su raciocinio: “Vale resaltar que los villanos se presentan con diversos ropajes y no a penas como una persona destinada a importunarnos. Dificultades financieras y afectivas, problemas de salud, desastres naturales, son algunos ejemplos de valiosos antagonistas que nos arrastran y hacen que busquemos un nuevo punto de equilibrio. El golpe nos obliga a movernos”. Antes de que yo me manifestara, agregó: “Y lo más importante”, dio una pausa casi teatral para estimular mi mente y continuó: “El villano más terrible es aquel que habita en las entrañas del héroe”.

Confesé que no había entendido. Lorenzo me observó por algunos instantes, satisfecho con el efecto que había causado en mí y dijo: “Así como una aversión nos refina al imponer el pulimento de nuestras virtudes para que podamos sobrepasar las adversidades, nuestras sombras nos fuerzan, tarde o temprano, a encender y a alimentar la Luz que nos habita, o seremos devorados por el otro que nos habita. A menudo, preferimos no saber donde vive el dragón que necesita ser domado. Atrasamos el viaje en el intento de justificar nuestros sentimientos oscuros en vez de transmutarlos. Históricamente hemos sido condicionados para protegernos del enemigo ‘externo’. Subimos los muros de nuestras casas y vidas; vestimos máscaras de lo que no somos con el deseo de aparentar fuerza; nos imponemos escudos contra todo y todos, con la ilusión de estar protegidos contra el mal. Nos preocupamos tanto de los otros que nos olvidamos de vigilarnos y entendernos a nosotros mismos. Si prestamos atención y somos sinceros, admitiremos que nadie dificulta tanto la marcha de la vida como cada cual a sí mismo, cada vez que escogemos alimentar o ignorar el propio lado sombrío, sin percibir que en ese momento el villano se apropia de nuestra voluntad y nos aprisiona en una celda sin rejas, hasta el día en que decidimos reaccionar. Esta es la historia de toda la gente, esta es la verdadera jornada del héroe”.

“A medida que el villano perfecciona al héroe en la ficción, cuando las sombras son percibidas en la realidad, esculpidas e iluminadas, se vuelven un importante factor de crecimiento personal, obligándonos a realizar indispensables metamorfosis evolutivas. Recuerda, las mayores batallas son libradas dentro de nosotros. No son nada más que la real necesidad de superación en búsqueda de la iluminación en los sótanos oscuros del ser. Así nos volvemos héroes de la propia historia, el villano cumple su destino de maestro y deja de ser el chivo expiatorio para justificar eventuales adversidades”.

Volví a refutar, ahora más por terquedad que por convicción. Para mí la ficción era muy diferente de la realidad. “Sí y no. Lo importante es que hay preciosos puntos en común”, dijo. “En realidad, la ficción trabaja con arqueotipos que están adormecidos en el inconsciente a la espera de ser decodificados. Por esto nos gustan tanto determinadas películas y personajes, pues ellos tienen el poder de despertar algo que existe en nosotros, pero que aún no hemos entendido, aunque de alguna extraña manera ya intuíamos como una nueva virtud, hasta entonces desconocida, pero lista para manifestarse. Al identificarnos con los propósitos del personaje, percibimos alguna cosa en él que también existe en nosotros, aunque todavía en estado embrionario. Conozco un prestigiado sicoanalista que inicia el análisis al paciente preguntándole por la película que más le ha gustado ver en la vida”.

La teoría del sabio artesano había desconcertado mis antiguas y arraigadas certezas. No sabía qué pensar. Las nuevas ideas causan desconfianza y necesitan de un tiempo para madurar. Él lo percibió y dio el golpe final: “Los villanos maltratan, desafían y engañan; sin embargo, despiertan al héroe que habita en nosotros al incentivar la decisión de derrumbar el muro invisible de la cárcel impuesta por las limitaciones personales. De esa manera, acaban ayudándonos a desarrollar habilidades adormecidas y muchas veces desconocidas. Ellos nos conducen más allá de las fronteras que hasta entonces nos permitíamos. Nos obligan a iluminar las propias sombras. Terminan por enseñarnos a usar las alas. Despertar esto, en esencia, es la fuerza del arte en nuestras vidas”. Hizo una breve pausa, levantó la copa, me miró a los ojos y bromeó con la debida seriedad: “Un brindis a los villanos. Ellos son tan importantes que merecen un bonito y justo homenaje por el crecimiento que proporcionan. Sin ellos no habríamos llegado hasta aquí”.

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares

Discusiones — No hay respuesta