La cima del mundo

Llené una taza de café en el refectorio y me dirigí a la biblioteca del monasterio. Era final de tarde y ansiaba por un poco de lectura y reflexión. Me encontré con el Viejo, como cariñosamente llamábamos al monje más antiguo de la Orden, sentado en una confortable poltrona con la mirada perdida en las montañas que se veían a través de las enormes ventanas. Él me saludó con una sonrisa sincera. Al percibir que estaba extraviado en las estanterías entre los innumerables buenos títulos desde Yogananda a Fernando Pessoa, de Chico Xavier a Lao Tsé, paseando entre Espinosa y Jung, el monje susurró: “Haz como Pablo, el apóstol de las multitudes. Dicen que él siempre abría la Biblia al azar cuando quería un texto para meditar. Como el azar no existe, él siempre encontraba las palabras que necesitaba”. Me senté con las Escrituras y la página que se presentó hablaba de un pasaje que me incomodó desde la primera vez que lo leí, en el cual el maestro Jesús dice que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Cielo. Leí y releí todo el capítulo. Insatisfecho, le pregunté al Viejo si el dinero era un impedimento para la iluminación. Él me miró como si fuese un niño y dijo con su voz suave: “Claro que no. El dinero es una herramienta maravillosa, capaz de sembrar buenos frutos desde, es claro, que  sea utilizado de manera correcta”. Argumenté que eso no era lo que estaba escrito.

 

El monje parecía no perder la paciencia y dijo: “Al leer la Biblia tenemos que tener en mente tres importantes aspectos: el contexto histórico en el cual los hechos se desarrollaron pues fue escrita hace dos mil años y, aunque todavía es actual, el nivel de la humanidad era otro; la cuestión de la traducción, ya que algunas palabras poseen varios significados y pueden ocultar el mejor sentido; finalmente, es importante recordar que esos textos fueron escritos no para muchos, sino para todos. De esta manera, para que sean debidamente comprendidos necesitan de la valiosa subjetividad para alcanzar distintos niveles de consciencia. El sentido literal será siempre el más llano”.

 

“El dinero es una cuestión de extrema importancia. Todos los días, algunos billones de personas en el planeta necesitan alimentarse, vestirse y tener un abrigo decente para una vida digna. Ignorar esto es negar este mundo y todo el aprendizaje que el contiene. No por casualidad la economía ocupa los titulares de los periódicos pues afecta la sobrevivencia de cada uno de nosotros. El problema se agrava porque el dinero todavía es visto como medida de éxito personal para la mayoría, motivo de reverencia y aplauso, como si fuese retrato de una vida repleta de luz, felicidad y paz interior. Hoy el dinero puede adquirir prestigio, deseos y admiración. Imagínate como era hace dos milenios cuando el dinero podía comprar hasta la propiedad sobre las personas sujetas a la esclavitud”. Hizo una breve pausa y prosiguió: “En aquella época se creía que Dios escogía a sus hijos predilectos a través de la fortuna que acumulaban. Aún hoy en día encuentro personas que piensan de forma parecida: ‘Si fulano hizo fortuna es porque fue bendecido’ cuando, en verdad, tener mucho dinero acaba siendo una prueba de fuego dificilísima de superar, pues muchas veces desvía al andariego del lado iluminado del camino debido a las enormes tentaciones y privilegios que ofrece. Esta dificultad es el real sentido del mensaje del maestro”. Levantó las cejas y adicionó: “Tarde o temprano todos podrán atravesar la puerta estrecha de las virtudes, mas no sin mucho esfuerzo. Vivir la riqueza trae las debidas lecciones, así como la pobreza contiene otras tantas. Todos precisamos de ambas, esto nos obliga a hacer muchas escalas durante el gran viaje”.

 

Lo interrumpí para decir que existe una fuerte cultura que ve el éxito financiero como  posibilidad para alcanzar la cima del mundo. Hay innumerables programas y revistas que resaltan el glamour de los millonarios: mansiones, yates, islas paradisíacas, ropa de marca exclusiva, fiestas inaccesibles para los simples mortales y, lo más deseado por el ego ciego, los aplausos de la fama vacía. Un ricacho fanfarrón consigue más audiencia por el mero hecho de ser rico y extravagante que otro individuo de vida más simple, como un médico, por ejemplo, que en vez de descansar en sus merecidas vacaciones aprovecha para viajar a algún rincón olvidado del planeta para ayudar pueblos refugiados en total desamparo y nadie lo comenta; me desahogué. El monje movió la cabeza en acuerdo y dijo con calma: “Sí, es verdad y esto es muy bueno”.

 

¿Bueno? ¿Cómo así? A punto de rebelarme, dije que no entendía. El Viejo sonrió y fue más didáctico para explicarse: “Esto revela nuestro grado actual de admiración. ¿Te das cuenta que toda esa manera de vivir crea una nebulosa de ilusión que nos distancia de la verdad? Convivir diariamente con esa situación es como llevar el alma todos los días al gimnasio para ejercitar una visión clara y pulir las elecciones”. Guiñó el ojo y complementó de manera jocosa: “Mueve un alma perezosa todos los días y dentro de algunos meses esta podrá terminar un maratón de luz sin demostrar cansancio”.

 

Volvió a guardar silencio por instantes y me preguntó: “¿Cuál es el sentido de tu vida?”. Yo había acabado de leer un libro maravilloso de Krishnamurti donde esa cuestión era abordada en profundidad y no dudé en responder que yo tenía como objetivo primordial la evolución espiritual. El monje quiso saber lo que yo entendía por evolución. Dije que evolucionamos a medida que expandimos la consciencia y ampliamos nuestra capacidad amorosa. Los ojos del Viejo sonreían y dijo: “Perfecto”. Volvió a dar una pausa para que las ideas fueran concatenadas con calma y continuó: “No obstante, nuestros espíritus habitan hoy un cuerpo físico que tiene necesidades materiales. Entender el equilibrio entre prosperidad material y espiritual es una importantísima fase del aprendizaje en la que nos encontramos. Tendremos un cuerpo físico hasta que logremos alinear deseo y necesidad, equilibrar los sentimientos individuales con los del mundo, armonizar el ego con el alma para integrar el ser. Esto hará florecer en el individuo todas las virtudes, que juntas forman lo que denominamos Luz. Este es nuestro nivel actual: superar las capas de interés del ego para que se aproxime a los valores esenciales del alma, sin renunciar a las necesidades físicas. Es parte del proceso de liberación de todos. Por tanto, es necesario entender que en lo material lo suficiente es lo bastante; en lo espiritual lo infinito es el límite. La comodidad será siempre bienvenida, sólo no precisa ser confundida con lo superfluo. Menos puede ser más cuando se percibe la fuerza inquebrantable de la humildad y de la simplicidad ante el brillo efímero de la ostentación, de la fragilidad del orgullo y de la vanidad”.

 

Lo interrumpí para agregar que evolucionar era muy complicado. Él sonrió y dijo: “Transformar las viejas formas, los conceptos anticuados, las prácticas obsoletas de ser y de vivir exigen amor, sabiduría y coraje. No es fácil evolucionar, pero no debe ser sinónimo de sufrimiento. Si hay dolor o se hace pesado significa que algo está errado, pues la evolución trae levedad y cura. Entre menos se necesite mayores serán las alas y ellas son indispensables para sobrevolar los valles sombríos de la existencia. Todo el resto es una dorada prisión sin rejas. Cada cual es heredero de sí mismo y el único legado que está permitido llevar a la próxima estación es la mente despierta y el corazón puro. Conquistas morales, intelectuales y sentimentales, al reunirlas, conforman el pasaje para seguir el viaje sin fin”.

 

“Siendo pobre o rico, lo que retrasa la evolución es cuando el dinero se vuelve el principal motivo que te impulsa y cuando los privilegios anhelados o deseados se convierten en el engranaje, impidiendo así el movimiento para la conquista de nobles virtudes personales, las verdaderas riquezas inmateriales de la vida. El dinero puede ser un instrumento de sombra o de luz. La decisión es personal”.

 

“En fin, el dinero es una herramienta fantástica que permite sembrar flores en cada gesto de solidaridad y entretejer oportunidades para sí y para otros. La fortuna puede ser el puñal del poder y de la opresión, los lentes de la vanidad, la fantasía del orgullo y servir para la construcción de muros que separan a toda la gente; o volverse la semilla de amor y de misericordia, las sandalias de la humildad, el manto de la justicia y ayudar a erguir puentes que aproximen corazones. Todos los días cada uno hace su elección y la reafirma al día siguiente”.

 

Permanecimos un tiempo que no puedo precisar sin decir palabra. El monje quebró el silencio al señalar con la quijada las montañas que veíamos por la ventana y dijo: “Cada cual escoge la montaña que irá a escalar, es la cima del mundo personal. Allí encontrará, o no, la plenitud y la paz. Si aún no las has encontrado es porque no has llegado a la cima o entonces, escogiste la montaña equivocada para subir”.

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

Discusiones — 2 Respuestas

  • Carmen Bernardez 10 de septiembre de 2017 on 23:15

    Son una fuente maravillosa y profunda de sabiduría…

  • Felipe maldonado 10 de agosto de 2017 on 14:53

    Gracias yoskhaz