Mitades

La casa de Canción Estrellada, el chamán que tenía el don de transmitir la sabiduría ancestral de su pueblo a través de la palabra, estaba vacía cuando entré. Como la jarra de café aún estaba caliente, me serví una taza y fui a la terraza. Una simpática vecina me informó que él estaba en una escuela próxima de allí, impartiendo una animada conferencia a un grupo de adolescentes. Cuando entré al auditorio, una joven de ojos perspicaces le preguntaba cuál era la razón de nuestra existencia. El chamán respondió de repente: “Evolucionar, simplemente evolucionar”. La joven, lejos de darse por satisfecha con la respuesta, indagó sobre el significado de la evolución. Canción Estrellada arqueó los labios con una leve sonrisa y dijo: “Evolucionar es ampliar el nivel de consciencia y expandir la capacidad de amar. El amor es el sentido de la vida. No obstante, por su enorme poder y complejidad, necesitamos sabiduría para orientarnos en esa conquista”. Hizo una pequeña pausa y concluyó: “Aunque el amor sea nuestra esencia, lo conocemos muy poco”. La joven insistió en sus cuestionamientos y quiso saber cuál era la conquista a la que el chamán se refería. De manera atenta respondió: “Si el amor es la razón de la vida y la esencia de cada uno de nosotros, la conquista a la que me refiero es sobre la parte no revelada; al otro que somos y desconocemos”. Como todo buen contador de historias, hizo una pausa dramática y sentenció: “Mitad de mi sé quién es, la otra parte aún es un enigma”.

Hubo un gran silencio inicial y enseguida surgieron bromas y chistes. Canción Estrellada aguardó con paciencia a que se serenaran la alegría y el ánimo juvenil y prosiguió: “No hay ninguna novedad en lo que digo. Existen bellísimas poesías que exploran el tema, así como romances profundos que abordan la importancia del otro que nos habita”. Un chico quiso saber cuál era la razón de conocer esa otra parte de nosotros mismos. El chamán dijo: “Aunque esa mitad esté oculta, no significa que no participe e influya en tu vida, interfiriendo, sin percibirlo, en tus elecciones; en consecuencia, en tu felicidad”.

“El otro yo mismo quiere y necesita ser oído. Carece de entendimiento y aceptación. Como insistimos en ignorarlo, a menudo, se manifiesta de manera sorprendente y desagradable. ¿Saben el amigo tranquilo y prudente que, de repente, explota en furia sin que nadie esperara aquel comportamiento? Es justamente la otra mitad de él que ya no soporta continuar reprimida. En mayor o menor intensidad, creo que algo parecido ya nos sucedió a todos”. Percibí que todos los alumnos estaban más atentos, pues Canción Estrellada hablaba de alguien muy cercano, de una persona que escondemos en los rincones del ser, cuya existencia es inconfesable. Aunque fuese común a todos, era como si un secreto personal hubiese sido revelado.

El chamán agregó: “Si sólo reconocemos un pedazo de lo que somos estaremos incompletos. Nunca seremos enteros. Así, desperdiciamos parte de la magia de la vida y del poder del ser. Viviremos en eterno conflicto con el mundo mientras haya una batalla interna, librada por las mitades separadas y, por lo tanto, en desarmonía. Es necesario unir ambas partes para cimentar los pilares de la plenitud en el corazón”.

Uno de los jóvenes preguntó por qué eso sucedía. Canción Estrellada fue didáctico: “La principal razón es porque prestamos más atención a los acontecimientos del mundo exterior que a las transformaciones que ocurren dentro de nosotros. Sin embargo, las maravillas de la vida acontecen adentro, no afuera de nosotros. Por ejemplo, la gran mayoría de las biografías que leo retratan los logros mundanos del biografiado, sus hechos frente al mundo, los hechos que lo llevaron a la fama, sus récords, títulos, medallas, trofeos. Todos parecen embriagados con situaciones así y, por tanto, las persiguen. Quiero leer biografías que narren la vida de las personas comunes, no con relación al progreso material y mundano, sino que hablen sobre su evolución espiritual. Lo sagrado de la vida son las transformaciones íntimas”.

“Me interesa cómo cada frustración fue valiosa para conquistar una visión más refinada sobre todas las cosas; el relato de una situación en la que un abrazo fue capaz de mover un alma atorada en el pantano del olvido; quiero saber sobre una mano silenciosa que impidió que un corazón se desplomara en el abismo de la tristeza; la manera como cada una de las virtudes que componen la luz se manifestó en aquel individuo; de la flor del amor que brotó en el barrizal de la tristeza; del beso que reveló las estrellas que no existen en el cielo; de cómo una decepción sirvió para el fortalecimiento personal y preparó el camino para las conquistas fundamentales de la existencia como la libertad, la paz, la dignidad, la felicidad y el amor. Estos son los diamantes, todo lo demás es tan sólo el papel reluciente del empaque”.

“Nos preocupa más la imagen que el mundo tiene de nosotros que lo que realmente somos. Estamos condicionados a alcanzar la victoria a través de la competencia, olvidando cuán valiosa es la victoria por la comunión. Así, vivimos de personajes para ser aplaudidos y reverenciados. Cuando me empeño más en mantener la opinión ajena sobre mí que en aquello que ya soy capaz de realizar, en lo que quiero o verdaderamente soy, alimento la raíz del orgullo. El perfeccionamiento excesivo de la apariencia hace con que la esencia sea relegada a un segundo plano. El orgullo se mantiene por la necesidad de mostrarse mejor que los otros, en vez de esforzarse por hacer mejor de lo que se ha hecho hasta el momento, en dialogo interno y amoroso, cada uno consigo mismo, como manera de encender la luz que iluminará los propios pasos que, consecuentemente, ayudará a quien camina cerca. El concepto que el mundo tiene sobre mí no puede ser más fuerte que la persona que soy o que puedo llegar a ser. Negar esta posibilidad hace que surja la necesidad nefasta de compararse a cada instante con los demás, alimentando la apariencia de forma absurda olvidando totalmente la esencia primordial. Esta es la semilla de la vanidad, la triste dependencia ante los aplausos efímeros, inmerecidos, falsos, fútiles e irrelevantes del mundo”.

“Al mantenerme en esa corrida insana contra los otros olvidándome de mí mismo, renuncio a otra parte que, abandonada, deja de ofrecerme todo aquello que me falta. Para compensar el enorme vacío que existe en mí, creo una enorme variedad de fantasías y, lo peor, paso a creer en ellas, alejándome cada vez más de la verdad esencial. Máscaras sociales, profesionales e incluso afectivas. Todo esto porque tenemos miedo a enfrentar las críticas de la tribu que idolatramos y a la que deseamos pertenecer”.

“El miedo…”. Hizo una pausa como si la palabra lo llevara a un lugar distante y también para llamar la atención. Los alumnos se miraron como si ese sentimiento fuese un secreto velado entre casi todos. Enseguida el chamán profundizó: “El miedo al rechazo, a la adversidad, al fracaso, a lo ponderable y a lo imponderable. El miedo a que se rían de mis sueños, a la ironía de mis vuelos inusitados, a mis tropiezos, a ser yo mismo, a ser único, a ser entero. Entonces acepto el patrón, entro en el molde para no sentirme diferente o ridículo. El resultado es apenas uno: como no siempre se puede agradar a los otros, una cosa es cierta, me decepciono a mí mismo, aunque me niegue a confesarlo”. Volvió a dar una pausa, percibió la atención que los alumnos le dispensaban y prosiguió: “No obstante, el no reconocimiento de la mitad que nos falta crea un vacío. Sentimos esto de manera más profunda de lo que muchas veces somos capaces de comprender. Entonces en el intento de llenar ese vacío, buscamos en vano en las relaciones afectivas, en los logros profesionales y materiales, en las diversiones incesantes o, lo que es peor, en las drogas, la totalidad que nos falta”.

“Nada ni nadie será capaz de completar la otra mitad de sí mismo”.

Uno de los alumnos lo interrumpió para preguntar si Dios sería capaz de llenar ese vacío. Canción Estrellada desconcertado respondió: “No. En el momento y de verdad, no”. Ante la sorpresa de todos, el chamán explicó: “Por el simple hecho del desencuentro, pues Él habita justamente en tu otra mitad, aquella que todavía desconoces y niegas”. El joven, bastante religioso, afirmó que Dios era muy importante en su vida. Canción Estrellada fue pedagógico: “No tengo la menor duda de eso, pues en la mía también. Sin embargo, tenemos que diferenciar la idolatría de la fe. La idolatría es la adoración ante la incomprensión o temor por supuestas consecuencias; la fe es el abrazo por el cariño del entendimiento. La idolatría así como la fe están en el mismo espejo así cómo los celos están con el amor. Por esto, mientras la idolatría domina, la fe libera. La idolatría distancia al oponer estándares inalcanzables; la fe aproxima con la intimidad silenciosa, justo aquella que ocurre en el encuentro consigo mismo”.

Otro alumno cuestionó las consecuencias en negarse a conocer la otra parte. El chamán explicó: “Las reacciones ante la fragmentación son varias. Comúnmente, son los enormes poderes que concedemos a las sombras. Tristeza, desesperanza y depresión, creando el vicio en antidepresivos, ansiolíticos o cosas más pesadas. Orgullo, vanidad, envidia y ganancia, sombras motivadas por el pleno desconocimiento de la persona que somos o podemos ser, disparando comportamientos arrogantes, violentos y superficiales. La competencia en detrimento de la comunión; la apariencia en detrimento de la esencia; el tener en detrimento del ser. Tener todo, pero no ser nada, genera en el individuo un abismo sombrío que lo hace agresivo o triste, sea por la incomprensión de sí mismo o por el abandono de su otra parte”.

“En fin, todos buscan, de las más diversas maneras, la plenitud del ser, traducida en las conquistas de la paz, la libertad, la dignidad, la felicidad y el amor en su mayor amplitud. Muchos se ilusionan al creer que lo encontrarán en el matrimonio, la familia, el arte o en el oficio, cuando en verdad, estos son los campos de prueba para descubrir y perfeccionar cada una de las virtudes personales. Las virtudes son las herramientas evolutivas de las cuales disponemos, manifestadas a través de cada una de las elecciones que hacemos todos los días. Los más insanos llegan a tener la convicción de que encontrarán la plenitud al amasar una fortuna patrimonial”.

La joven de ojos perspicaces volvió a interrumpir para preguntar qué virtudes eran esas a las que él se refería. El chamán explicó: “La humildad, la compasión, la sinceridad, la pureza, la sensatez, la justicia, la mansedumbre, la pacificación, el coraje, la fe, entre otras, además de la mayor de ellas, el amor, es claro. Cuando se reúnen forman lo que los sabios ancestrales llamaban iluminación”.

Sonrió y finalizó la conferencia: “No obstante, nada de esto surtirá efecto, no habrá plenitud ni iluminación, por más virtuoso que el individuo pueda ser, mientras no revele a sí mismo su otra mitad y alinee en debida comunión ambas partes que lo completan”.

Al final, lado a lado, andamos en silencio de regreso a su casa. El chamán resolvió preparar café fresco mientras lo esperé sentado en la agradable terraza, perdido en pensamientos. El chamán colocó las tazas humeantes sobre la mesa mientras yo hacía algunas ilaciones sobre cómo sería mi otra mitad y si me agradaría lo que iba a encontrar al conocerla. Canción Estrellada oyó con paciencia, levantó las cejas y dijo con seriedad: “La otra mitad será siempre nuestra mejor parte”. Cuestioné el motivo y él volvió a sorprenderme: “Es en ella que las alas se despliegan”.

 

gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

 

Discusiones — 3 Respuestas

  • Rita Rios 18 de diciembre de 2017 on 10:48

    Excelente! Siempre leo todos los articulos, estoy aprendiendo desde hace tiempo. Falta pero poco a poco.
    Gracias!

  • Xochicuautli 12 de diciembre de 2017 on 12:51

    Siempre te seguia cada sabado en facebook, lametablemente tenia mucho tiempo de no leerte asta que recorde tu pagina…..
    Siempre cada lectura me viene como anillo al dedo y esta no es la escepcion, me recordo a mi hermano entre otras personas con las cuales cruze caminos que no quieren conocer su otra mitad o mas bien no ssben si exista su otra mitad, yo incluso no habia entdndido que existiera otra mitad, ahora que lo entiendo trabajare en eso esta lectura solo es otro fracmento de la realidad; a la cual muchas veces ignoramos

  • Walter 12 de diciembre de 2017 on 11:37

    Buen día! Hermoso relato, como todos los demás que han subido.

    Les aviso que subieron el audio de la versión en portugués!

    Saludos!