Plenitudes. El amor

Era el último día de clase sobre el Tao Te Ching. El curso se terminaba para aquel grupo de alumnos. Pronto dejarían la villa china en la falda del Himalaya rumbo a los más diversos países donde habitaban. Yo no hacía parte del grupo, pero fui convidado para el té de despedida ofrecido por Li Tzu. Los alumnos estaban emocionados y alegres. Habían compartido la experiencia del aprendizaje de una sabiduría milenaria de enorme utilidad, cada vez más olvidada por una existencia que brinda facilidades de fuga en un mundo apresurado y superficial. Apresurado por la sensación de que, para estar actualizados con las fábricas interruptas de novedades, es necesario estar en muchos lugares casi simultáneamente, haciendo que el tiempo se vuelva veloz y estrecho. Superficial pues ningún valor hará que conozcamos el mundo mientras nos neguemos a encontrarnos con nosotros mismos. No se conoce un lugar apenas por visitar sus edificios, museos y monumentos, así como no se percibe la belleza de un individuo solamente al mirarlo. Existe una belleza oculta en todos los lugares y personas, apenas accesible después de buscar, entender e iluminar todos los pormenores escondidos en nuestro interior. Debemos entender la parte para comprender el todo; entonces, seremos capaces de deleitarnos con el mundo y estar en paz con el tiempo. Un viaje, para que no sea desperdiciado, no solo puede dejar souvenirs y fotografías en el equipaje; debe transformar al viajero. Esta era la sensación de aquellos alumnos después del aprendizaje del Tao. Por esto estaban emocionados.

Cuando llegué los encontré en la cocina. Como no cabían todos en la mesa, muchos estaban sentados sobre cojines esparcidos por el suelo. Medianoche, el gato negro que también habitaba en la casa, acostado encima del armario, apreciaba el encuentro con curiosidad. Dada mi edad y la artrosis que me acompaña, un joven alumno, por su delicadeza innata, me cedió la silla y se juntó a los que estaban sentados en los cojines. Los alumnos conversaban justamente sobre cómo aquel viaje había sido diferente a todos los otros realizados, hasta que alguien le pidió al maestro taoísta que se manifestara sobre el asunto, a lo que comentó: “Un viaje, para demostrar su utilidad, debe dejarnos menores de lo que éramos y a su vez, mayores de lo que somos”.

Silencio. Por la sentencia paradoxal, aguardamos una explicación adicional. No obstante, Li Tzu nada más acrecentó. Los alumnos se miraron entre sí. Me pareció ver una casi imperceptible sonrisa en el maestro taoísta, como si esperase por aquel momento, hasta que alguien le pidió que se explicara mejor. Li Tzu abrió el Tao Te Ching y leyó en mandarín, con traducción propia, el poema veintiocho:

Reconocer lo masculino, resguardar lo femenino;

Ser el río que lleva las aguas del mundo,

Sin dejar que escapen de las márgenes de la virtud;

Entonces, regresar a la infancia.

Reconocer lo blanco, resguardar lo negro;

Ser y vivir la virtud,

Sin ilusionarse con ella;

Entonces, regresar al infinito.

Reconocer lo grande, resguardar lo pequeño;

Ser el buen árbol,

Compartir los dulces frutos;

Entonces, regresar a la semilla.

La semilla germina, vuelve a crecer, se convierte en árbol;

La madera sirve para innúmeros instrumentos.

Es preciso un corte sin incisión. La sinfonía del cielo.

De nuevo, silencio. Nadie osó palpitar. Li Tzu instó a que se manifestaran. Los alertó: “Es la última y más importante lección del curso”. Ante el espanto, uno de los alumnos, un joven mexicano, de origen tolteca, mencionó que ese poema, como los demás del Tao, había sido estudiado durante el curso. El maestro taoísta hizo una aclaración: “No con el abordaje que tendremos ahora. Así como yo, el Tao son muchos y es apenas uno”. Enseguida les pidió a todos que se sintieran cómodos para interpretar el texto según sus propias experiencias y no solo por lo que habían aprendido en las clases: “El Tao tiene la medida de quien lo lee. Así como la vida, él se expande o se contrae según la medida de cada consciencia”.

El joven tolteca inició la interpretación colectiva. Dijo que cuidar de lo masculino y de lo femenino era estar atento a los movimientos de expansión y contracción típicos del Yin y del Yang. La profundidad que se debe tener al interiorizar en sí equivale al empeño con que se vive en el mundo, en constante compartir y mutación. Expandir un conocimiento hasta el límite para que al momento siguiente se contraiga en otro. Este es el movimiento que anima y le da sentido a la vida, explicó. Enseguida dijo que debemos, como un río, conducir los indispensables intereses mundanos sin permitir que sus aguas nos transborden. Estas deben estar equilibradas por las virtudes. Entonces, será posible retornar a la esencia del ser donde habitan las plenitudes. Li Tzu meneó la cabeza en anuencia.

Una irlandesa muy simpática, bonita e inteligente, con evidentes trazos ancestrales celtas, abordó el parágrafo siguiente. Explicó que cuidar de lo blanco y de lo negro era estar atento tanto al mundo visible como al invisible. Ellos se permean y están en permanente interacción. Todo lo que sucede de un lado se refleja en el otro. Así como ocurre en nuestras relaciones interpersonales; al transformarme altero todo a mi alrededor. De otro lado, todo a mi alrededor está disponible para auxiliarme a evolucionar. Adicionó la necesidad de vivir teniendo las virtudes como herramientas, sin jamás ilusionarnos con que somos la propia virtud; hipótesis en que la virtud cruzaría la frontera de la luz para volverse una sombra. Ejemplificó al decir que vivir a Dios a través de sí mismo es la virtud de la fe; imaginarse a Dios, una arrogancia absurda. Ser humilde es luz pura; enorgullecerse de la propia humildad es una sombra vulgar. Ofrecer amor nos hace divinos; exigir amor a cambio nos hace egoístas. Dijo que el texto nos recuerda cuán tenues son los límites entre luz y sombra. Al vivir las virtudes con claridad y pureza conquistamos las plenitudes.

Un ruso, nacido y criado en las tierras heladas de Siberia, enfrentó el tercer párrafo. Dijo que ser grande y pequeño, de acuerdo con el texto, era vivir las cosas del mundo, aprovechar su comodidad sin dejarse esclavizar por ellas. Entender que lo necesario es suficiente, permite volar sobre los abismos de la existencia. Usufructuar del dinero sin dejarse contaminar por la codicia; conmemorar un éxito sin apasionarse por la fama; ejercer poder apenas sobre sí, sin interferir en las elecciones ajenas son conocimientos aplicados que transforman la realidad del ser y esfuman las ilusiones del mundo. Explicó que es indispensable ser pequeño para que haya espacio para crecer. Percibirse pequeño es señal de fuerza; creerse grande es fragilidad desmedida. 

Una joven neoyorquina, aún en el mismo párrafo, acrecentó que el sentido de la vida es evolucionar. Evolucionar significa crecer como un árbol, tener raíces profundas, apuntar hacia el cielo y ofrecer buenos frutos; entonces, volver a ser semilla. Expansión y contracción; Yin y Yang. Explicó que el texto habla de los infinitos ciclos de aprendizaje, transmutación y de compartir, así como de la necesidad de finalizar, de manera efectiva, un ciclo que terminó; solo así estaremos habilitados para iniciar una nueva jornada evolutiva. Ya no como árbol frondoso que produjo flores y frutos, sino simplemente como semilla; una semilla que germinará como un árbol diferente y ofrecerá un fruto aún mejor. Satisfecho, Li Tzu arqueó los labios en leve sonrisa.

Una mujer de ojos grandes, expresión de extrema inteligencia, criada en los suburbios de Rio de Janeiro, destacó la importancia de la madera de un árbol. Explicó que, así como la madera sirve para fabricar muchos instrumentos, desde el garrote que reprime y agrede, hasta el violín que nos hace cantar y danzar, el Tao nos muestra que cada persona define cuál herramienta será. Para esto, nadie depende de nada ni de nadie, salvo de la propia consciencia. A todo momento podemos comportarnos como la puerta que impide la entrada o como el puente que auxilia en la travesía; como mesa y silla para que todos se sienten alrededor o como la leña de la hoguera en la que arden aquellos que osan ser diferentes. Puedo usar los celos para motivar una agresión o para componer una canción; la envidia puede llevarme a destruir al otro o transmutarse en un soplo de inspiración para impulsarme a dar mejores pasos. A tan solo una simple elección puedo dejar de ser garrote para convertirme en violín. Luz y sombras están disponibles a todo instante. Soy uno y soy muchos. Lo que seré ahora lo establezco en este exacto momento; lo que encontraré en la siguiente curva es pura consecuencia.

Miramos al maestro taoísta como pidiendo una opinión. Él nos devolvió la mirada como diciendo que continuáramos. Nadie sabía qué más decir. Una joven madrileña, muy tímida, resaltó que la última frase no había sido abordada. Es preciso un corte sin incisión. La sinfonía del cielo. Los alumnos se miraron entre sí, pero nadie osó decir nada. La joven se limitó a mencionar que era difícil entender la imagen de un corte sin incisión. ¿Cómo cortar sin separar? Cuestionó. Li Tzu bebió un sorbo de té y explicó: “Con amor”.

“El amor es el vínculo que enlaza todo y a todos. Se puede partir, no importa cuándo ni hacia dónde; el amor nos mantendrá unidos con recuerdos y nostalgias hasta la hora del reencuentro. El tiempo y el espacio son dimensiones ficticias incapaces de separar a quienes se aman. Yo soy yo, tú eres tú; cada persona con su personalidad e individualización, con su jornada y trayectoria, con visión y elecciones propias, con sus dolores y delicias, juntos y separados, dulces y amargos, expansión y contracción, sonrisas y lágrimas. Cuando me desoriento en el mundo el amor me muestra la dirección; cuando me pierdo de mí, me encuentro en el amor”. 

“Sin amor todo es mera ilusión. No existe el bien, ninguna de las virtudes se sustenta. Todo conocimiento se muestra inútil. La ausencia de amor es la antítesis de las leyes universales al no enseñar nada, al no provocar ninguna transformación, al negar la evolución. Sin amor las demás plenitudes se deshacen en el aire”.

“El amor auxilia sin dominar; enseña sin esclavizar; alimenta sin causar dependencia. El amor forja los pilares de la vida, fortalece el espíritu y le da alas. Ningún vuelo hacia las estrellas es posible sin amor”.

“Al inicio existe amor; al final apenas amor. Sin amor no hay camino ni destino”.

“El amor calma y anima. El amor ilumina y protege”. Levantó las cejas para acrecentar: “El amor me protege de mí”.

“El amor me permite ser el andariego, el sendero y un lugar seguro; todo al mismo tiempo. Vivo por el amor que siento; a través de mi amor permito que los otros también vivan en mí. Así puedo ser el mundo entero al acoger al mundo entero en mi corazón. Nada me faltará”. 

“El amor es comunión. Una común-unión”.

“El amor que tengo es apenas el amor que siento; el amor que siento es solamente el amor que ofrezco. El amor que entrego permite que el otro sea conmigo. En igual compás, el amor que recibo del otro, aunque sea suyo, me posibilita ser con él. Así somos mayores y más fuertes. Encontramos un nuevo sentido; cada ser es único, pero debemos dejar que todos caminen a través de sí por el sendero del amor”. 

“Como músicos de una misma orquesta, juntos y separados, cada cual, con su instrumento, con una misma partitura, en armoniosa sinfonía estelar. La sinfonía del cielo”.

Silencio absoluto. Pude ver lágrimas bañando sonrisas; era encanto puro. No había palabra capaz de traducir el sentimiento que envolvía a todos. El mundo entero parecía caber en aquella cocina. El amor concede este poder con relación a la vida; revela el universo en sí. Uno a uno, los alumnos se despidieron del maestro taoísta. A solas, Li Tzu, sin decir nada, hizo señal para que también me marchara. Era preciso seguir para iniciar un nuevo ciclo de aprendizaje, transmutación y compartir. Contracción y expansión; Yin y Yang. Así era el Tao; el Tao explica la vida. La vida es amor. El amor, tan íntimo y tan poco conocido.

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

Discusiones — 2 Respuestas

  • María Sol 4 de julio de 2020 on 23:56

    💖💖💖💖💖💖💖GRACIAS

  • Cecé 30 de junio de 2020 on 00:39

    Infinitas gracias..!!! me hace muy bien leerte