Alegria, alegria

El Viejo, como cariñosamente llamábamos al monje más antiguo de la Orden, había sido invitado por el vicario de la iglesia localizada en la pequeña y encantadora ciudad próxima a la montaña que abriga al monasterio a proferir algunas palabras durante la misa de domingo. Eran viejos amigos. El monje me pidió que lo acompañara; llegamos temprano y aguardamos en el banco de la plaza en frente a la iglesia. El Viejo disfrutaba del sol que calentaba su cuerpo en aquella mañana fría de otoño. El sol, el frío, las ardillas, padres que paseaban con sus hijos pequeños, hijos que paseaban con sus padres ancianos, la algarabía de los niños, los jardines y los pájaros, en fin, la vida pulsante en todas sus manifestaciones deleitaba al monje. “Todo esto alimenta mi silencio”, comentó.

La misa transcurrió tranquilamente en su ceremonial hasta que el Viejo fue llamado a subir al púlpito. El vicario previno a los presentes diciendo que no se extrañaran por la línea de discurso del monje, aunque profundamente cristiano, pertenecía a una orden esotérica secular dedicada al estudio de la filosofía y de la metafísica. El Viejo agradeció e inició su discurso: “Voy a proferir algunas palabras sobre la grandeza de la gratitud, virtud tan mal interpretada”.

“Algunos están aquí afligidos en busca de ayuda pues se sienten incapaces de resolver sus problemas; otros para agradecer por las dádivas concedidas; muchos tan sólo para bañarse de energías de amor y luz que inundan esta casa. Cada cual con sus motivos, razones, sentimientos y fe. Todos merecen acogida, respeto y cariño; sin embargo siempre me he hecho dos preguntas: ¿Cuál es el criterio de la esfera espiritual para atender las súplicas, ya que algunas son atendidas y otras no? La otra, ¿Cuál es la mejor manera de agradecer por todo lo bueno que nos ha sido ofrecido? Fueron cuestiones que tomaron bastante tiempo en mis meditaciones”, hizo una pequeña pausa para que todos reflexionaran por algunos instantes y prosiguió: “Conozco a los que realizan donaciones preventivamente, como forma de ‘quedar bien’ con los amigos divinos y garantizar protección y privilegios. Están los que llenan generosos cheques a favor de instituciones religiosas y filantrópicas para ‘pagar la deuda’ ante el pedido atendido. Para estos y aquellos puedo asegurar la total falta de comprensión de sus intenciones. El Cielo o el plano espiritual, independiente del nombre que se le atribuya, no es un mesa de trabajo”. La voz del Viejo tenía la habitual serenidad y, aunque baja, se podía oír claramente hasta la última hilera; el silencio era absoluto.

“Más allá del mundo visible no se compran favores, tampoco el dinero es la moneda de intercambio. Los intereses y valores son otros. ¿Se consideran ‘especiales’ por tener más dinero, más estudio o aparecer en la televisión? Olvídenlo. Tener las mejores herramientas y posibilidades apenas aumentan la responsabilidad de transformarse. Aquellas oraciones en las que prometen adoptar a un niño en caso de volverse millonarios al ganar el premio de la lotería pueden olvidarlas. No se negocia con amor, mucho menos con Dios.

“La lógica en el plano invisible es diferente. No existe ningún interés por los deseos del ego. Las preocupaciones de los benefactores espirituales están relacionadas solamente con las necesidades del alma y con todo lo que sea necesario para evolucionar. El empleo, la casa, los hijos y hasta la salud, o la falta de esto, compone la perfecta realidad para Aprender, Transformarse, Compartir y Seguir”.
“No se lamenten por no tener lo que desean, al contrario, agradezcan por la oportunidad y hagan el mejor uso posible de lo que les fue ofrecido. Esto es sabiduría. Esto es gratitud pura. Aunque en este instante exista dificultad para entender, pueden estar seguros de que no les falta absolutamente nada para el encuentro con la paz, salvo lo que tienen que buscar en lo más íntimo del propio ser: El coraje de agregar sus dones y talentos a su diario vivir; parar de negociar con las sombras; perfeccionar las elecciones en búsqueda de la Luz y aprender a amar incondicionalmente.

“Por más absurdo que parezca, todo lo que sucede en la vida es para nuestro bien. El buen guerrero agradece la dureza de las batallas por perfeccionar su habilidad para combatir. La evolución es la prioridad para el Universo, todo el resto es efímero, perfumería sin poder curativo. Por lo tanto sean agradecidos siempre. Las frustraciones son adobos para la madurez; las dificultades son lecciones que iluminan y fortalecen el espíritu; los problemas y los adversarios son maestros ocultos que nos brindan sabiduría y amplían nuestra capacidad de amar. Así nos metamorfoseamos, rompemos la costra que nos aprisiona para que florezcan las alas de un nuevo ser”.

“¿Y las oraciones son importantes? Sí, como la meditación, elevan el patrón vibratorio y permiten la aproximación de los maestros y guardianes invisibles que nos ayudan y protegen, desde que haya voluntad sincera para la transformación y dentro de los límites permitidos por las Leyes No Escritas que trazan la evolución universal, en binomio formado por la necesidad y el merecimiento. Acontecimientos inesperados; el surgimiento repentino de personas como si fueran ángeles; innumerables señales; la intuición que es la perfecta conexión cósmica, son algunas de las muchas maneras de colaboración que recibimos. Percíbanlo y sean gratos. No obstante, presten atención: Ellos siempre ayudarán pero jamás harán la parte que cabe a ustedes realizar. Son cosas muy diferentes”.

“Ir a misa pero aliarse con las sombras que nos habitan no dará el efecto esperado. Por otro lado, quien anda por el lado iluminado del Camino no necesita temer a la oscuridad. El perfume de las flores atrae pajaritos y mariposas; el el olor de las aguas residuales lo infesta de cucarachas y ratones. Así escogemos quien nos acompaña”. Dio una pausa y concluyó: “Por lo tanto no hay motivos para reclamos”.

Muchas de las personas que asistían a la misa estaban visiblemente incómodas con aquel discurso. El Viejo miró al vicario y éste sonrió a manera de aprobación. “Toda caridad es bienvenida y es una bella forma de gratitud. Sin duda la ayuda material es indispensable para quien tiene frío y hambre; no obstante, la de mayor significado e importancia es aquella en la que depositamos el corazón junto a nuestras acciones. Por esto la caridad emocional será siempre infinitamente más valiosa que la financiera, al final, ¿Qué es lo que cada uno tiene de más valioso que el propio corazón? Un abrazo suele valer más que un cheque”.

“No conozco palabra más bonita que misericordia. De origen latino, ella nació de la unión de otras dos y significa el acto de ofrecer amor como remedio al sufrimiento ajeno. Históricamente los que más se entregaron nada tenían para dar, además de si mismos y de sus corazones. Así consiguieron todo. ¿Les parece incoherente? Pregúntenle a Francisco de Asís o a Teresa de Calcuta. Para ser grande es necesario sentirse pequeño ante el menor de todos. No basta simplemente tener el corazón del mundo, es necesario sentir su pulsación y no lavarse las manos”.

“Me refiero al día a día, en la convivencia con la gente y en todas nuestras relaciones. No esperen a ser invitados a alguna gran ceremonia de transformación, pues es durante los quehaceres y las obligaciones cotidianos que la vida sucede. Es en las pequeñas cosas que nos revelamos, aprendemos y caminamos; es en los detalles casi imperceptibles que los milagros se manifiestan, invisibles a las miradas desatentas. Todo se modifica de un momento a otro sin previo aviso. Esta es la magia de la vida”. Volvió a dar una breve pausa para que las palabras encontrasen su lugar.

“Me atrevo a ir un poco más lejos. La gratitud es sincera y sencilla en su manifestación. Los más puros sentimientos, por ser fruto de la genuina humildad, son discretos y anónimos. No se revelan ante el aplauso público; están unidos por la intimidad y la belleza de compartir, como cualquier acto de amor verdadero. Nace de la responsabilidad por el perfeccionamiento de la obra que nos fue confiada en la condición de coautores. Sí, el mundo fue creado pero no está terminado. Esto nos hace creadores y también las criaturas de este fascinante espectáculo, con sus maravillas y males, a medida que ayudamos a escribir el guión, al mismo tiempo que protagonizamos las escenas. Algunos aún no se han dado cuenta de la oportunidad concedida. De esta forma, agradezcan y vayan más allá de la retórica al hacer impecable cada gesto o palabra. No olviden que, aunque distante, el mundo perfecto comienza en cada uno de nosotros”.

El Viejo sabía que no tenía más que algunos segundos para no interferir en el buen desempeño de la misa: “Para finalizar, les pido disculpas si hablé demasiado y los dejo con dos cuestionamientos. Como solemos reclamar bastante de las imperfecciones del mundo les pregunto, ¿Cuál ha sido su mejor acción en pro de un mundo mejor?”, esperó algunos instantes para hacer la siguiente pregunta. “¿Cuál es la mejor manera de agradecer por todas las bendiciones que la Vida nos brinda ?”.

Al finalizar la misa, el párroco le agradeció al Viejo por sus palabras e intercambiaron un fuerte abrazo. A la salida de la iglesia muchas personas miraron al monje haciendo mala cara, otros se acercaron para saludarlo y él atendió a todos con atención y cariño. De vuelta a la plaza, a solas, lo interrogué sobre las preguntas que había hecho. Me pareció que no se referían a un mismo tema, así como su discurso, abordaba dos asuntos distintos. El monje me miró a los ojos, sonrió y balanceó la cabeza como diciendo que yo no había entendido nada.

Nos sentamos en una cafetería próxima. El Viejo me dijo con serenidad: “Las Leyes No Escritas ajustan la vida y apalancan la evolución de todos. Caminamos por gusto o por imposición. La dificultad nace por la negación a aprender determinada lección y así liberarse de un ciclo. No te lamentes, agradece, aprende, y transfórmate, comparte y continua. El andariego del Camino se mantiene distante, no critica y busca la perfección. Él siempre ofrece lo mejor de sí. A cada decisión definimos nuestro destino y herencia. En esta o en otra estación recogeremos los frutos de la propia siembra. Recibiremos las exactas lecciones para entender la grandeza del Jardín. Somos el jardinero, la semilla, la flor y también el fruto. La semilla es depositada y en algún momento ha de germinar. Ni que para eso el suelo presione la cáscara de forma enérgica para que se rompa, germine y florezca en todo su esplendor”.

Permanecimos en silencio durante un tiempo y retomé las preguntas que él le había hecho a todos en la iglesia y quise saber cuáles serían las respuestas. Él me observó con los ojos repletos de misericordia y bromeó. “¡Eres el peor discípulo que hemos tenido en la Orden, Yoskhaz! Sólo existe una respuesta y sirve para ambas preguntas”, dio una pequeña pausa, reímos juntos, él comió la pequeña fracción de chocolate que acompañaba el café y respondió: “La mejor manera de agradecer por las bendiciones recibidas es también la manera más eficaz de armonizar el planeta: propagar alegría por todo lugar. ¡Alegría, alegría! El amor posee los colores de la alegría. Nada es más poderoso que hacer sonreir a alguien”.

“Alegría es la mejor manera de demostrar gratitud por todas las bendiciones del Camino”. Me miró profundamente a los ojos y finalizó: “La alegría es el pan del alma; es un regalo del amor. La alegría revela la paciencia que tenemos con lo que todavía no somos, permite ver la belleza oculta en todo y en todos. La alegría tiene el don de invitar a los corazones a danzar, aliviar dolores, dar alas a los sueños de la humanidad y mantener viva la esperanza indispensable en sí mismo y en toda la gente. Permite que tus actitudes reflejen el perfecto mundo que tu corazón desea. La alegría revela la buena voluntad, el coraje y el respeto hacia la vida. Aprende con alegría, transfórmate con alegría, comparte con alegría y sigue con alegría. Lo mejor de todo es que no necesitarás pagar absolutamente nada por ella, es siembra barata y está a disposición de todos. Basta buscarla en el fondo del corazón. La alegría es una criatura de Amor y trae consigo todo el poder del Creador”.

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

Discusiones — Una respuesta

  • ana 28 de junio de 2016 on 00:56

    Excelente (y)