El décimo segundo día de la travesía. La marca del desierto

Amanecía en el décimo segundo día de la travesía. Agarré una taza de café y me alejé para hacer mis reflexiones matinales. Deambulaba entre mil pensamientos cuando divisé a un hombre que viajaba con la caravana sentado en la arena solitario. Yo ya había reparado en él por el hecho de estar siempre separado del grupo. Nunca lo había visto conversando con alguien. Decidí aproximarme. Le pregunté si podía sentarme a su lado y él asintió con la cabeza. Me presenté y dije que estaba allí para conocer al derviche. Él dijo llamarse Farid y comentó que retornaba al oasis donde nació, después de muchos años, para volver a ver a sus parientes. Había partido en un día remoto en busca de trabajo. Mencionó que tenía un pequeño puesto de granos y condimentos en el mercado central de Marrakech. Le dije que debería estar muy animado por aquel reencuentro después de tanto tiempo. Farid respondió que no mucho; en verdad, volvía porque la madre estaba muy enferma. Confesó que su deseo era regresar solo cuando fuera un rico mercader y así ser admirado por todos. No obstante, lamentó que la vida no lo quisiera así. Comentó que desconocía la razón por la cual su negocio no prosperaba, a pesar de esforzarse y ser honesto, lo cual lo entristecía. Dije que tal vez podría ayudarlo, puesto que yo era publicista y mi agencia había ayudado a construir diversas marcas a lo largo de los últimos años. Farid expresó que tal vez no fuera su caso, pues era tan solo un mercader de granos. Sostuve que el tamaño ni el tipo del negocio importaban, lo importante era crear una marca que no solo lo identificase, sino que lo diferenciara de los demás comerciantes; que lo hiciera único. Le conté sobre una marca de motocicletas que adicionó el concepto de libertad a las motos que vendía. También le hablé de un fabricante de celulares que decía no vender tan solo teléfonos, sino aparatos que podrían cambiar el mundo. Él me miró asustado y me preguntó si aquello era honesto. Le respondí que, dependiendo de la óptica, sí; era posible crear una marca que reflejara con total claridad las cualidades del producto ofrecido. Agregué que los ejemplos no solo resaltaban el poder de la creatividad, como también el alcance que una marca bien construida podría tener. Igualmente mencioné que una marca debía observar tres conceptos importantes con relación al producto: la verdad, la innovación y la utilidad. Farid se mostró interesado.

Al partir, emparejamos nuestros camellos para conversar durante la marcha. Él me hizo varias preguntas, que respondí con facilidad por la experiencia que tenía. Le expliqué que los tres atributos eran de suma importancia: la verdad forja una relación de confianza entre las partes; la innovación permite posibilidades nunca imaginadas y la utilidad hace la experiencia agradable. Farid estaba cada vez más animado. Su curiosidad me llenaba de preguntas. Todo aquello me entretenía y le ofrecí algunas ideas con relación a lo que él podría hacer para crear y consolidar una marca para su negocio.

Al medio día, la caravana hizo una rápida parada, como de costumbre, para una refección ligera y un breve descanso. Vi que Farid conversaba con uno de los peregrinos con quien hacía días había tenido una discusión. La situación me sorprendió dado que el mercader de granos siempre estaba solo. Alejé de la mente los malos pensamientos por saber qué tan perniciosos son para la vida. Cuando la caravana retomó la marcha, noté que Farid no parecía el mismo. Hablaba menos, se limitaba a dar respuestas monosilábicas y estaba circunspecto.

Al final de la tarde paramos para montar el campamento y pernoctar. A la hora de la cena busqué a Farid y lo encontré en una animada conversación con el mismo grupo de peregrinos. Intenté aproximarme, pero fui desestimulado por la manera como me miraron. Pasé por la tienda donde las refecciones eran servidas, llené el plato y me alejé para comer solo. Una desagradable sensación me envolvió. No había pasado mucho tiempo cuando Farid se me aproximó. Tenía una expresión seria y sus cuestionamientos también habían cambiado; es mas, parecían acusaciones. Supo que yo cobraba muy caro por mi trabajo y que mi agencia tenía un historial de fracasos enorme. Respondí que no era así, pues en ningún momento había pensado en cobrarle por la consultoría, se trataba tan solo de una conversación amigable para hacer el viaje menos tedioso. Sobre las campañas bajo la responsabilidad de mi agencia, eran trabajos que ofrecíamos con lo mejor de nuestra capacidad y el precio cobrado era aquel que considerábamos justo. El cliente tenía total libertad para no aceptar. Sí, algunas campañas no habían alcanzado el objetivo pretendido; sin embargo, muchas otras habían sido acertadas a punto de impulsar algunas marcas a niveles más allá de lo esperado. El riesgo hace parte del negocio; el riesgo hace parte de la vida. No satisfecho, Farid dijo estar horrorizado al saber que yo cobraba un porcentaje sobre las ganancias alcanzadas por las marcas trabajadas. Refuté diciendo que eso era una mentira. Molesto, él se dio media y vuelta y se marchó.

Me sentí mal. Aquello me sacudió como una tempestad de verano que llega de sorpresa y con intensidad. Todo era tan absurdo que parecía irreal. Yo necesitaba relajarme. Me dirigí hacia el buen hombre del té, quien me atendió con la delicadeza de siempre. Dijo que percibía en mi aura algunas alteraciones. Se dispuso a preparar una infusión para ayudar a equilibrarme. No obstante, aclaró que yo tendría que poner de mi parte: “Serenar el corazón y suavizar la mente. Esta es la esencia de toda cura; el té es tan solo un paliativo de amor”. Le dije que no era necesario, pero él insistió. Cuando estuvo listo, lo tomé despacio y le agradecí. Me sentía un poco mejor de lo que estaba cuando había llegado. Al retirarme, percibí que la bella mujer de ojos color lapislázuli me observaba de lejos. Intenté aproximarme, pero como algunas personas pasaron delante mío, al volver a mirar hacia donde ella estaba, ya había desaparecido.

Me senté en la arena en un lugar apartado de todos. Lentamente, los sentimientos y pensamientos se fueron acomodando en su debido lugar. No podía dejar que las tempestades ajenas tuvieran fuerza para ofuscar el sol que brillaba en mí. Para esto era imprescindible entender que el inconformismo de los otros casi nunca tiene como causa verdadera mis elecciones. Sin olvidar que lo inverso siempre se aplica: mi intolerancia con relación al mundo no está en el mundo, sino en mí. Esto me tranquilizó, pero aún quedaba un atisbo de desequilibrio. En ese instante, me llevé un susto al darme cuenta de que la bella mujer de ojos color lapislázuli estaba sentada a mi lado. Le pregunté cuál era el motivo de ella siempre aparecer y desaparecer como por arte de magia. Ella sonrió y respondió: “Es una de las características de mi marca”. Di una agradable carcajada y comenté que el día había sido terrible justamente por ese motivo: marcas. Ella tan solo volvió a sonreír como respuesta. En seguida, despejé cada detalle de todos los acontecimientos del día, de cómo me sentía y de cómo había logrado mejorar.

Ella comentó sobre Farid: “La inestabilidad emocional del mercader explica por qué él tiene dificultad para hacer amigos. También es reflejo de los malos resultados en su negocio. Esas situaciones suelen ir acompañadas. En verdad, él fluctúa de un lado al otro, como un barco sin timón, a la deriva por no saber navegar. Él escogió como destino una situación abstracta. ‘Volver a casa cuando fuera rico’ dejándose llevar por el orgullo y por la vanidad. No hay nada de malo en ganar dinero mas existen muchas riquezas, mucho más interesantes para ser descubiertas en el camino de regreso a casa. Volver a casa es retornar a los orígenes y, de cierta manera, a sí mismo, donde aguarda el oro de la vida que él, inconscientemente, tanto busca en el mundo. Así, por tener dificultad para descubrir quién es, no sabe para dónde va. Es un hombre roto; un hombre sin rumbo. Es un hombre sin una marca”.

En seguida, habló sobre la molestia que yo sentía: “No permitir que las sombras ajenas apaguen nuestra luz es un notable avance y es primordial para alcanzar la plenitud. Ya bastante trabajo tenemos con nuestras propias sombras. No podemos alimentarlas con las sombras del mundo”. También mencioné como el buen hombre del té había sido gentil y acogedor. Resalté como era agradable sentarse a tomar té con él. La mujer explicó: “Hace parte de su marca mostrar que el mundo puede volverse un buen lugar”.

Ante mi expresión de espanto por ella insistir en el asunto que fue generador de todas las controversias aquel día, decidió ampliar su raciocinio: “Venimos al planeta para vivir nuestra esencia. Cada cual la suya. Esto construye una marca única. Cimentar esta marca es la parte que cabe a cada uno de nosotros en el arte de la vida”.

“Si miras al caravanero puedes encontrar en él una marca definida con solidez por la seguridad que su carácter transmite. El desierto, a su vez, es una marca destinada a destruir marcas obsoletas y a construir marcas inesperadas”.

En seguida preguntó: “¿Cuáles son los atributos de una marca?” Respondí que en publicidad aprendemos que son tres. Verdad, innovación y utilidad. Ella movió la cabeza concordando y prosiguió: “En la vida no es diferente”. Para mi sorpresa, repitió las palabras que yo le había dicho al mercader de granos por la mañana, resumiendo esos tres conceptos como si me hubiese escuchado: “La verdad forja una relación de confianza entre las partes; la innovación permite posibilidades nunca imaginadas y la utilidad hace la experiencia agradable”.

No obstante, profundizó el raciocinio: “La verdad está ligada a la sinceridad que tenemos en el trato personal y la honestidad con que nos comportamos ante los otros. La verdad une las partes. Esta habla de la importancia de la sencillez en el ser y en el vivir; del valor de la humildad para no perderse en la ilusión de sentirse más que los demás; de la necesidad de la pureza para apartar las maledicencias y los preconceptos en el momento de las elecciones. Esto fortalece al espíritu ante las adversidades inherentes a la vida, con relación a las maldades del mundo y crea un lazo de confianza y bienestar con aquellos que están alrededor”.

“La innovación, a su vez, se refiere a las indispensables transformaciones que debemos operar, cada uno en sí mismo, para que podamos seguir en evolución. Las marcas bien construidas no tienen problemas en perfeccionarse a medida que sus creadores se transforman. Ampliar la consciencia y expandir la capacidad de amar como pilares para la construcción de una persona diferente y mejor a cada día, todos los días, hasta el día sin fin y aun así no es suficiente. Es preciso que cada cual, a su manera, sea elemento inspirador de cambio para quien está cerca, más con el ejemplo, menos con el discurso; siempre por libre voluntad, jamás por imposición o cobro. El vuelo nos inspira a abrir las alas, estímulo de la oruga en el capullo para transformarse en mariposa”.

“Finalmente, la utilidad. La utilidad nos habla sobre el amor. El amor por sí y por toda la gente. Ser útil es dar un sentido a la existencia, es plantar flores todos los días en los jardines de la humanidad, aunque la frontera del planeta sea la esquina de tu casa. Es la misericordia que desborda en el corazón de aquel que se dispone a dar la mano, a abrir la puerta, a apuntar el camino, a acoger en la tempestad, a apagar el incendio, a sumergirse profundo para encontrarse consigo mismo y acabar descubriendo toda una vida. Al ofrecer la otra mejilla se abre espacio a una nueva parte, aún desconocida. El cuidado con el otro, la utilidad que tenga ante el mundo, por más sencilla y humilde que sea, será siempre la perfecta fragua para la transformación del alma iluminada”. “La vida tiene que volverse una experiencia verdadera, innovadora y agradable por su utilidad”.

Fijó sus ojos azules en mis ojos tontos y concluyó: “Así creamos las marcas personales. Cada uno con su manera única y belleza incomparable de ser; todos indispensables para la obra. Mira al buen hombre del té o al caravanero: no hay nada que esté fuera del individuo para la construcción de una marca exitosa”. En seguida finalizó: “A propósito, ya comenzaste a crear tu marca personal?”

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

 

 

Discusiones — 3 Respuestas

  • Ger 18 de octubre de 2019 on 01:23

    Gracias yoskhaz! Me faltaba leer este día de travesía 🙂

  • Elena 8 de marzo de 2018 on 00:42

    hermoso gracias

  • Xochicuautli 7 de marzo de 2018 on 02:36

    Ame la lectura