Se necesita coraje para cambiar un corazón

El tambor de dos fases de Canción Estrellada, el chamán que tenía el don de compartir la sabiduría ancestral de su pueblo, a través de los cuentos y de las canciones, sonaba a ritmo acompasado mientras él entonaba una delicada canción agradeciendo al Gran Espíritu por la oportunidad de aquel momento. Era una noche sin luna; el cielo nos abrigaba bajo un lindo manto de estrellas. Estábamos en lo alto de la montaña, en el lugar de poderde Canción Estrellada, un sitio al cual siempre iba cuando quería conectarse con el misterio de la vida o ir al encuentro de sí mismo. Éramos un pequeño grupo, formado por personas de los más diversos lugares, reunidos para un ceremonial mágico. Una hoguera nos protegía del frío. Los buenos espíritus también presentes en el ritual nos protegían de nosotros mismos. Al terminar aquella melodía, el chamán comentó: “Debemos agradecer siempre. Sea por la alegría de los momentos agradables, sea por las lecciones de las horas difíciles; solamente los tontos tienen días malos”. 

Hizo una pausa y prosiguió: “Apenas los orgullosos no agradecen. Creen que, por ser mejores, no necesitan auxilio; pues se sienten superiores, toda ayuda no pasa de obligación. El mundo es un taller de maestros; las relaciones personales y  sus dificultades son las forjas que perfeccionan la resistencia de la espada de la existencia: el corazón”.

Como ocurría en las ceremonias celebradas por Canción Estrellada, él comenzó a contar una historia: “En una aldea ancestral, tres jóvenes estaban por alcanzar la edad adulta. El hechicero de la tribu determinó, como rito de pasaje, que se adentraran en lo más profundo del bosque y fueran a la Montaña del Cielo. Solo podrían regresar tras capturar al mítico Monstruo de Piedras, conocido como Tadan, famoso por partir en mil pedazos a todos aquellos que lo enfrentaban. Prometió que la aldea pasaría por largos períodos de prosperidad si tenían éxito en la misión.

Yahto, Dasan y Wakanda eran los nombres de los muchachos. Ellos eran muy amigos, pero con personalidades distintas. Yahto poseía gran fuerza física, así como extrema agilidad; era notable en la tribu por ser un luchador y cazador de extrema eficiencia. Dasan era el joven más bello de la aldea. Dueño de una buena prosa, tenía un discurso articulado, inteligente y sagaz, encantaba a las jóvenes y muchas soñaban en casarse con él; era señalado como el futuro jefe de la tribu. Wakanda estaba ofuscado por el brillo de los otros dos, pues había nacido cojo y por tanto, tenía dificultad de locomoción. Aunque siempre se esforzaba, no lograba acompañar a los otros chicos en sus juegos. Sin ningún rencor, había crecido con un temperamento quieto y observador; le gustaba leer, escribir, enseñar a los más pequeños, tocar flauta, oír los consejos de los más viejos y, a pesar de su dificultad, apreciaba pasear por las montañas. Nunca había emitido un reclamo sobre su condición física; al contrario, siempre tenía una sonrisa sincera y acogedora para ofrecer. En las conversaciones de la tribu era el menos recordado de los amigos, pero esto no le importaba. 

Caminaron durante días hasta llegar a la caverna en la montaña donde habitaba Tadan. Dasan se ofreció a entrar primero. Alegó que bastarían algunos minutos de conversación para que el monstruo cediese ante sus argumentos y aceptara rendirse. Estaba tan seguro que los otros no se opusieron. Dasan entró rápidamente. Como el interior de la caverna era muy oscuro, pronto se perdió. Gritó por ayuda. Fue orientado por el propio monstruo para llegar a él.  Al ver al monstruo quedó impresionado con su horrible apariencia. Una vez repuesto del susto, Dasan le dijo que había ido a buscarlo para acertar cuentas por sus actos. Argumentó que era mejor rendirse sin ofrecer resistencia, pues de lo contrario Yahto lo masacraría. No era necesario luchar y  le prometió que todos en la aldea lo tratarían con justicia. En respuesta, Tadan cuestionó el motivo por el cual debía renunciar a su libertad para dejarse aprisionar. El joven explicó que el monstruo tendría una vida mejor en la aldea que en el fondo de una caverna, después, claro, de pagar por los crímenes practicados. Tadan dijo que era feliz con la vida que tenía y que, además, no había cometido ningún delito; tan solo se protegía de aquellos que, como Dasan, llegaban a imponer su deseo o a robarle su paz. El joven insistió en los muchos males perpetrados por el monstruo y alegó que no era inteligente ir a la fuerza cuando podía ser conducido de buena manera. El monstruo le recordó a Dasan que podía haberlo dejado perdido en la oscuridad de la caverna y sin embargo lo ayudó. A cambio, él le ofrecía una absurda rendición; eso no le parecía sensato. Decidió hacerle una propuesta para solucionar el impase. Si el joven lograba mirarse en el espejo de la caverna sin asustarse, el monstruo iría a la aldea con él. Dasan carcajeó y aceptó de inmediato. Estaba acostumbrado a admirarse en el espejo. Tadan le dijo que tuviera cuidado, pues aquel era un espejo diferente; reflejaba apenas la belleza de cada persona. 

Dasan volvió a reírse y dijo que no tenía problema; agregó que aquella era la prueba más fácil por la cual pasaría. El monstruo encendió una vela e iluminó una pared cubierta con una fina capa de hielo que reflejó el interior de la caverna con impresionante exactitud. El joven estaba ante el espejo y, para su espanto, nada vió. Reclamó de aquello que consideró un defecto. No podía ver del otro lado. El monstruo le dijo a Dasan que fijara bien los ojos. El muchacho respondió que podía ver toda la caverna reflejada, pero no lograba verse. Tadan insistió en que prestara atención. El chico desistió, no había nada en aquel espejo. El monstruo lamentó que Dasan no hubiera podido ver su reflejo. Le explicó que era un espejo mágico que no mostraba lo físico, sino solo la belleza del corazón. 

Incrédulo, el muchacho alegó que todas las personas, hasta los más insensibles, poseían algo bello en el corazón. Tadan concordó, pues en todos hay belleza de corazón, pero la de Dasan estaba escondida tras una nube densa de vanidad, que la hacía imperceptible. Le mostró que la imagen que Dasan tenía de sí era solamente aquella formada por los elogios del mundo; había olvidado cómo era vivir impulsado por las bellezas de su corazón. Como los aplausos eran inexistentes en el fondo de la caverna, allí todos tenían la oportunidad de ver la propia esencia con la debida exactitud. Cuando nos permitimos estar lejos de las influencias externas nos aproximamos a la realidad interna y ponderó que Dasan estaba de frente con la verdad sobre sí mismo. 

El joven no se dió por vencido. Percibió que era posible ver a Tadan por entero cada vez que el monstruo se aproximaba al espejo. Dasan alegó que eso era la prueba de que había algo mal; al final, un terrible monstruo de piedras no podía tener un buen corazón. Tadan respondió que él era un monstruo apenas a los ojos de aquellos que se incomodaban con la manera como él vivía e intentaban capturarlo. En vez de convivir con él, insistían en dominarlo. Acababan derrotados en una lucha insensata. Explicó que, aunque no lo admitían, las personas actuaban así por miedo. Dasan tuvo que concordar. De hecho, nunca había oído cualquier maldad practicada por el monstruo, salvo la destrucción de aquellos que insistían en aprisionarlo. Dasan percibió que todo aquello dicho por el monstruo contenía alguna verdad. De hecho, no era el corazón que conducía sus pasos sino los aplausos del mundo. La vida que llevaba no reflejaba su esencia, sino la apariencia deseada por los otros. Él no era él, sino una mera imagen que agradaba a todos. Si él no era él, tampoco era nadie. Fue inundado por una tristeza tan intensa que, después de soltar un grito desesperado, se partió en mil pedazos.

Al oír el grito del amigo, Yahto entró. Como todo buen cazador, era un hábil rastreador. Sin embargo, estaba acostumbrado a seguir por los senderos de los bosques y montañas; nunca había estado dentro de una caverna oscura. Sintió un enorme malestar y se perdió. Pidió ayuda y fue orientado por la voz del monstruo hasta llegar al centro de la caverna. Preguntó por Dasan. Tadan le mostró en el piso de la caverna los mil pedazos del lindo joven. Enfurecido, Yahto juró que el monstruo pagaría caro por el mal hecho. Tadan le explicó que no había hecho nada malo; tan solo le había dado a Dasan la oportunidad de descubrir la verdad sobre sí mismo. No obstante, Dasan no había sido capaz de soportarlo y terminó vencido por la tristeza. Yahto desafió al monstruo a luchar. Sería una manera de vengar al amigo. Tadan respondió que había tenido una relación honesta y educativa con Dasan; la venganza jamás podría suplantar la justicia. El joven insistió, así que el monstruo prometió que después de que Yahto se viera ante el mismo espejo, lo enfrentaría. El muchacho se rió. Dijo conocerse a sí mismo, así como conocía toda su fuerza y poder; por tanto, aceptó el desafío. 

Frente al espejo, Yahto encontró a un hombre débil y enfermo, reflejo de un corazón escuálido. Un diálogo parecido al sostenido con Dasan se volvió a repetir. Yahto negó que aquel espejo reflejase su imagen; Tadan le explicó que la imagen que observaba no era la de la apariencia, sino la de la esencia. Yahto era un hombre extremamente frágil que se ocultaba tras un físico fuerte y una personalidad dominante. Inconforme, el joven declaró que aquello era un fraude. Dijo que estaba listo para la lucha; destruiría al monstruo de una vez por todas. Sin embargo, en el fondo el corazón del joven guerrero conocía las verdades reflejadas por aquel espejo. Era posible engañar a todos por mucho tiempo, pero también sabía que un día podría acabar encontrándose consigo mismo y cuando esto sucediera, no podría huir de la verdad. Temía ese momento y sofocaba la idea de que ocurriera. Empero, somos muchos en uno solo. Mientras una parte de sí la negaba, la otra la reconocía. Tarde o temprano la verdad disipa la niebla de la ilusión. Por mayor que fuera su habilidad en la lucha y su enorme fuerza física, el poder de un guerrero está en el corazón. 

La mentira que siempre se había contado lo había sustentado hasta entonces, pero aquel era el espejo del corazón; en él podía ver la verdad. En lo más íntimo conocía sus debilidades, así como los subterfugios utilizados para engañarse y no enfrentarlos. Fue tomado por un enorme miedo que no desconocía, pero esa vez era diferente. No era el miedo ante un oponente externo, sino ante un adversario interno. Desde pequeño, por instinto, para no revelarle al mundo el miedo que sentía, había usado la agresividad como disfraz para llenarse del coraje que nunca tuvo. 

Ahora era diferente. El adversario no estaba fuera, sino dentro de él. ¿Cómo usar el arma que siempre había utilizado, la violencia, para derrotar a sí mismo? La enorme variedad de golpes y tácticas de lucha aprendidas no le servían. La violencia no substituye el coraje. Yahto era un adversario con el cual Yahto no sabía lidiar. 

Para enfrentar ese improbable antagonista, Yahto tenía que aceptar sus debilidades, cambiar su postura, la manera de ser y vivir. Solo así se haría fuerte. El problema era que la tribu descubriera al hombre que había tras el papel que había creado para ser admirado por todos. Él era muy diferente y sentía vergüenza de revelarse sin el personaje de guerrero invencible.

Todos nos hacemos fuertes cuando dejamos de ser un cazador del mundo para ser jardineros de la vida, comentó Tadan acostumbrado con las ideas y sentimientos que envolvían a las personas en aquellos momentos. Yahto dijo sentirse humillado, pues los poetas narraban historias de guerreros, nunca hablaban sobre jardineros. Tadan ponderó el poder de la humildad para disolver cualquier resquicio de humillación; explicó que apenas el orgullo oferece tal dolor. De nada valió. La vergüenza escaló tonos dentro del muchacho. El monstruo se compadeció de él. El escudo usado durante toda una existencia, el orgullo, continuaba presente con el pretexto de proteger a Yahto. Sin embargo, el orgullo no es capaz de conducirnos a la victoria en el buen combate, la lucha que cada uno libra dentro de sí para iluminarse. El orgullo es un coraje de superficie. En el buen combate el orgullo no pasa de un escudo de papel, explicó Tadan. 

Desorientado, el joven permitió que el miedo asumiera el control emocional y sofocara su corazón. Cuando esto sucede, la realidad proyectada se vuelve un enemigo asustador que termina derrotando a quien insiste en negar la esencial transformación. Sin coraje para cambiar, el joven no vio ninguna salida. Yahto soltó un grito de pavor y se partió en mil pedazos.

Alarmado con el grito, Wakanda entró a la caverna. Como era cojo, había aprendido a andar sin prisa y a prestar atención a todo a su alrededor. Esto también le permitió que los ojos se acostumbraran a la oscuridad y a ver lo que pocos eran capaces. Percibió que la caverna era más bonita de lo que imaginaba. Se maravilló. No tuvo dificultad para encontrar al monstruo. Al contrario de los amigos no lo enfrentó; se comportó de manera gentil y respetuosa. Para devolver la delicadeza, el monstruo le dijo que se mantendría de espalda, sin dejar ver su rostro para que el chico no se asustara. Cuestionado por Wakanda sobre los hechos ocurridos, Tadan le contó, sin ningún trazo de hostilidad, todo lo que había pasado allí. Gracias a la manera cariñosa como fue tratado, se dejaría conducir hasta la aldea si éste era el deseo de Wakanda. 

El joven confesó que, en verdad, nunca vio sentido al deseo de la tribu en subyugar a Tadan. A sus ojos, él no era un monstruo, sino apenas alguien que vivía como le gustaba, sin perjudicar a nadie. Entendía que tenía ese derecho. Sin embargo, de una manera que no sabía explicar, esa manera le incomodaba a todos. Entonces, lo perseguían desde siempre. Tadan le explicó al muchacho que las personas, cuando portan una conciencia salvaje, desean todo aquello que admiran, así sea de modo inconsciente. Cuando se trata de un bien material, lo compran o sustraen. Cuando se trata de un bien abstracto, como por ejemplo la personalidad de una persona libre, repudian la verdad que incomoda: todo aquello que yo podría ser si me esforzara en buscarlo. Intentan aniquilarlo por la incomodidad que causa. Sin embargo, es imposible matar aquello que, por definición, no muere. Se puede poner fin a un individuo, jamás a las ideas o a la verdad que él representa. En esa lucha oscura, terminan consumiéndose y destruyen las propias vidas. 

Al final, repitió que estaba a disposición de Wakanda. El joven volvió a negarse a llevar a Tadan a la aldea, pues desde su perspectiva, no había practicado ningún mal. Wakanda había aprendido la necesidad de vivir en sintonía con el propio corazón. Entendía que el hecho de los amigos haberse partido en mil pedazos, aunque fuese muy triste, era de su entera responsabilidad y hacía parte del aprendizaje pertinente a ellos.

Esta última frase traducía la madurez de una existencia. Eran palabras mágicas.

De espalda, Tadan sonrió satisfecho, pero nada comentó; faltaba la última prueba, así que le preguntó al joven si le gustaría tener un duelo, pues así podría salir victorioso y más admirado que los amigos. Su regreso a la aldea sería triunfal y se volvería un héroe, ponderó. Wakanda dijo que la única victoria existente es aquella que hace noble el corazón y ésta no hace a nadie superior, tan solo permite una ligereza inexplicable, que ya había sentido algunas veces y que algún día entendería.

En vez de un duelo, lo que deseaba en realidad, era invitar a Tadan a danzar.

En ese instante, Tadan se volteó para permitir que Wakanda viera su rostro. Para enorme sorpresa del chico, en frente suyo no estaba un monstruo, sino una linda mujer. Sorprendido, el joven le dijo a Tadan que no usara ningún truco, pues apreciaba la honestidad en las relaciones. La mujer dijo que los ojos con los que cada persona se ve a sí misma son los mismos con que se muestra el mundo. Ella era un monstruo para Dasan y Yahto; el amor le permitía a Wakanda encontrar en ella la belleza que había en todos.

Wakanda preguntó quién realmente era Tadan, a lo que ella respondió: Soy el corazón del mundo.

            Ellos danzaron la más bella canción del universo.

Al final, el joven quiso saber cuál era el motivo para ella partir a las personas en mil pedazos. Tadan explicó: Ellas ya llegan a mí partidas en mil pedazos, solo que aun no lo saben o no lo admiten. Yo les muestro quiénes son; entonces, el corazón emerge, lo que no es malo. Es el inicio de la cura.

El chico quiso saber si ella podía ayudar a rescatar a los amigos. Quería juntar los mil pedazos esparcidos de cada uno de ellos. Tadan explicó: Al contrario de lo que muchos creen, esa es la razón de mi existencia: juntar las partes en vez de esparcirlas. El amalgama de cualquier corazón es el amor. En pedazos nadie existe. Sin embargo, no basta unir las partes quebradas, es necesario enseñarle al corazón a latir diferente para que no vuelva a desmoronarse cada vez que se depare con el corazón del mundo. Hizo una pausa y concluyó: Es indispensable renunciar a los deseos de algunas cosas y salir en busca de otras muy diferentesEs necesario coraje para cambiar el propio corazón.

Wakanda cuestionó qué cosas eran esas. Tadan profundizó con simplicidad: Todos buscan aquello que plenifica; ansían felicidad, amor, libertad, paz y dignidad, mas no saben dónde procurar. Se vuelven cazadores del mundo por creer que allí está el poder. En el mundo toda victoria es mera apariencia; en el deseo de poseer y dominar acaban esclavizados por la relación de dependencia que surge de ese engaño. Infringen dolor a los otros y acaban sufriendo también. Una batalla vacía, absurda y sin gloria. Quedan a los pedazos.

Todo comienza a cambiar cuando alteran el objeto de la búsqueda. Wakanda interrumpió para saber si deberíamos despreciar las cosas del mundo. Tadan aclaró: No. Vivimos en el mundo y necesitamos de él. Eres el viajero, el mundo es el mapa, la luz es el destino. En el corazón está el camino.

El muchacho quiso saber la razón de la ligereza que sentía cada vez que practicaba un acto que alegraba su corazón. Aunque nunca lo hubiera mencionado, a pesar de ser cojo, tenía la nítida sensación de que se movía con extrema facilidad en los momentos en que actuaba así. Tadan volvió a sonreír y le pidió a Wakanda que se parara enfrente al espejo. El joven reflejaba su imagen con maravillosa exactitud. Enseguida, sin decir palabra, se colocó atrás del chico, fundiéndose con él en una única criatura. Esta es la razón, reveló la bella mujer. En ese instante, la imagen de Wakanda se modificó. El cuerpo que antes era de Tadan se transformó en dos enormes alas. Ahora, ellas le pertenecían a Wakanda”.

Canción Estrellada miró al grupo que lo escuchaba con enorme interés y comentó: “Así sucede con todos aquellos que unen el propio corazón al corazón del mundo”.

El silencio imperó por un largo tiempo. Había muchas ideas a ser colocadas para la debida transformación en aquellos que hicieran buen uso de ellas. Eso es lo que sucede en un ceremonial mágico; un mero ritual para algunos, un portal evolutivo que se abre para otros. 

Una joven londinense, muy sagaz, comentó que faltaba un final para aquella historia. Era preciso saber qué había sucedido con Dasan y Yahto, así como con Wakanda después de que regresaron a la tribu. Canción Estrellada arqueó los labios en suave sonrisa como si ya esperase por esa reacción y concluyó: “Mira a tu alrededor, el mundo rebosa en respuesta y no se cansa de contar y recontar todos los días esa misma historia”. Hizo una pausa para finalizar: “Cada uno de nosotros es, en parte, Dasan; en parte, Yahto; y también tiene un poco de Wakanda. Para descubrir el final de la historia basta tener el coraje de cambiar el propio corazón”. 

Gentilmente traducido por Maria del Pilar Linares.

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